El currículo debe ser entendido como la articulación de los diferentes componentes de las prácticas educativas. La planificación debe ser conjunta y flexible en la que los propósitos, los temáticas y los tiempos no son rígidos. Éste debe ser una hipótesis de trabajo, como una guía en borrador que se somete a ajustes y modificaciones según las exigencias de su desarrollo y dependiendo de las dinámicas del trabajo escolar.